Pequeña reflexión sobre el concepto de "piqueteros"
¿Lo de "piqueteros" intelectuales pretende ser un insulto? ¿Qué sabe de los "piqueteros" Vargas Llosa? ¿Habrá visto uno alguna vez? Hasta donde yo sé los piqueteros fueron la resistencia al desmantelamiento de las empresas nacionales durante el menemato. Pero fueron también una resistencia al modelo de país que se estaba instalando, un modelo de exclusión. En ese momento los medios no dieron eco a su lucha, todos se callaron, eso es veto, eso es censura de verdad. En el 2001 la clase media se apoyo en ellos en la búsqueda de un cambio político, pero tan pronto recuperaron sus anteriores posiciones sociales retornaron a sus clásicas concepciones de fascismo. Entonces, ¿qué sabe Vargas Llosa sobre los piqueteros?
Vargas Llosa es un símbolo del neoliberalismo. Los piqueteros son un símbolo de la resistencia contra las políticas neoliberales. Por eso, cada vez que escuchemos que alguien nos tira a los pies la palabra "piqueteros" como si se tratase de algo sucio y de lo que deberíamos avergonzarnos, nosotros debemos recoger esa palabra del suelo y llevarla a nuestro pecho para lucirla como si se tratase de una medalla de honor (si queremos resistir al neoliberalismo, claro).
lunes, 21 de marzo de 2011
miércoles, 23 de febrero de 2011
El discurso antagonista (Parte II)
ADVERTENCIA: éste es un resumen de los conceptos y reordenamiento teórico, por lo tanto su lectura puede resultar increíblemente aburrida.
1.d. La esencia de lo irracional
Es cierto que de donde se nutre el discurso irracional es precisamente de los rasgos atávicos de aquella zona del sistema hegemónico de valores que llamamos “sentido común”. También es cierto que éstos se pueden volver irracionales en el sentido de que se desaten del interés clasista, al menos momentaneamente. Pero la irracionalidad no tiene que ver en esencia con comportamientos que no sigan una lógica, lo irracional tiene que ver con un significado filosófico profundo.
Por definición, lo irracional es la negación de lo racional. En éste sentido lo racional es aquello que se produce y reproduce reflexionando sobre sí mismo (o al menos se plantea esa posibilidad de reflexionar sobre sí mismo). Por ello es posible afirmar que lo irracional no es otra cosa que aquello que se produce y reproduce sin reflexión sobre sí mismo. El carácter del discurso irracional como tal tiene como característica que es reproducido sin pensarse a sí mismo. Es ésta irreflexión sobre lo que se dice o simboliza lo que le otorga el carácter irracional. Es el ejercicio acrítico de la palabra, el lenguaje y los símbolos.
Repito, no tiene que ver con un comportamiento lógico del pensamiento sino con la irreflexión sobre los argumentos primeros que forman parte del núcleo duro del sistema hegemónico de valores. Por ejemplo, si uno afirma de manera irracional que “los pobres son pobres porque no les gusta trabajar” pueden deducirse lógicamente muchas otras ideas: “los pobres no merecen inversión social por haraganes”; “los pobres no merecen los bienes necesarios para la inserción social porque no se esfuerzan por ellos”; “si no trabajan deben merecer el estado de miseria en el que viven”; etc. Es una sucesión de ideas lógicas, pero su origen es irracional, pues no existe reflexión sobre el argumento primero que es “los pobres son pobres porque no les gusta trabajar”. Si existiese la mínima reflexión sobre aquella frase se caería el castillo de naipes erigido sobre ella.
La esencia de lo irracional es que permite producir y reproducir valores sin reflexión sobre sí mismos, porque de ésta manera circula discursiva y simbólicamente impidiendo el ejercicio de lo racional que sería su negación. Porque lo racional es la reflexión sobre aquello que parece no poder discutirse, sobre aquello que tiene la poderosa protección de la tradición. Lo irracional, por el contrario, al negar la reflexión, se convierte en una zona muerta del pensamiento.
martes, 25 de enero de 2011
El discurso antagonista (Parte I)
ADVERTENCIA: éste es un resumen de los conceptos y reordenamiento teórico, por lo tanto su lectura puede resultar increíblemente aburrida.
El análisis de lo que he dado en llamar “discurso antagonista” surge de la siguiente pregunta “¿Por qué en una sociedad dada (Argentina en éste caso) se da una polarización extrema en el discurso?”. El común de los comunicadores ha puesto el acento en el “estilo” o las “formas” en que se pronuncia el discurso. Es decir, para ellos el discurso sería una institución que debería ejercerse con moderación. Esto no explica de donde surge esa polarización extrema, ya que se debería simplemente a los “estilos” de las partes, pero sigue sin poder captar su raíz.
La hipótesis que aquí se ofrece al respecto es que: “el clivaje de polarización extrema aparece en la forma de un discurso antagonista en una sociedad cuando el sistema hegemónico de valores se fisura en algunas de sus partes o en su totalidad”.
1.- Antagonistas y protagonistas.
1.a.- Clivaje discursivo moderado.
En una sociedad con un sistema hegemónico de valores consolidado y sin fisuras también existe un clivaje, pero éste no se encuentra polarizado en forma extrema. En dicha sociedad pueden existir discursos que antagonicen con el sistema de valores, pero ese discurso no logra romper con el sistema hegemónico de valores, sobre todo con una de sus formas más prominentes: lo que es conocido vulgarmente como “sentido común”.
La ejemplificación histórica siempre es ilustrativa: en los años noventas en Argentina era de “sentido común” considerar cosas tales como: “no se puede vivir sin el Fondo Monetario Internacional”, “el sistema del ‘uno a uno’ trae inversión que es la única forma en que se puede crecer”, “el Estado sólo debe administrar el orden y la justicia”, etc. Todas ellas eran creencias instaladas que eran compartidas por casi la totalidad del discurso social e incluso en la dirigencia política eran escasos los casos en que esto se exponía como falso (y casi siempre se lo hacía desde posiciones extremas y marginales).
Cuando el sistema hegemónico de valores en su forma de sentido común se encuentra estable su discurso es moderado y su clivaje se da entre “proponente/opositor”. Proponente sería aquél discurso ligado a quienes proponen lo político y generalmente se puede encontrar su fuente en el Poder Ejecutivo (1). Opositor sería el discurso ligado a aquellos que aspiran a ocupar el cargo ejecutivo y se oponen-controlan las medidas que el Proponente desea llevar adelante (2).
Es posible que también puedan existir clivajes de “Proponente/Proponente” u “Opositor/Opositor”, incluso que el lugar de Proponente lo ocupe una parte que no se encuentra en el Poder Ejecutivo o que el lugar de Opositor lo ocupe la parte que tiene poder del ejecutivo. Pero eso son casos poco comunes y no son centrales al análisis del discurso antagonista.
1.b. Clivaje discursivo de polarización extrema
El discurso antagonista aparece cuando existe una ruptura en el sistema hegemónico de valores. El clivaje de polarización extrema del discurso (‘protagonista/antagonista’) divide el “sentido común” en dos sentidos (aunque no de forma taxativa) y en tanto que sistema hegemónico de valores recorre el total del tejido de una sociedad a través del discurso y la simbología.
Éste quiebre en el sentido de las ideas dominantes debe estar acompañado de cambios en la estructura económica para ser tales. Ello no significa que las relaciones de producción deban alterarse radicalmente, basta con que las tasas de acumulación de riqueza de las diferentes clases se vea alterada. Por supuesto, los cambios en las tasas producen fisuras en el sistema hegemónico de valores cuando alteran la capacidad de acumulación de las clases dominantes, sobre todo de aquellas que sostienen al discurso hegemónico. Una reducción de las tasas de participación de la riqueza de las clases bajas puede producir alteraciones, pero no puede producir una ruptura del sistema hegemónico de valores por si misma.
1.c. El discurso irracional
El “discurso irracional” surge producto del clivaje discursivo- simbólico “protagonista/antagonista”, anclado en los aspectos más atávicos del ‘sentido común’. El antagonismo, como reacción a los cambios producidos en la estructura económica, lleva al paroxismo los rasgos más conservadores del sistema hegemónico de valores. La “irracionalidad” del discurso antagonista radica en que adquiere cierta autonomía del anclaje clasista al que representa originariamente, pero siempre actúa como protección de un núcleo duro de intereses. Puede que el discurso irracional, en su afán de enfrentar al protagonista, se oponga incluso a medidas del protagonista que redundarían en beneficio de los intereses de las clases que adhieren al discurso antagonista.
Algo así sucedió bajo las dos primeras presidencias de Juan Domingo Perón, cuando ciertas clases medias se vieron beneficiadas por la política económica de estimulación del mercado interno. Aún habiendo sido beneficiadas económicamente esas clases medias no pudieron romper con el “sentido común” de las cosas que les indicaba que debían despreciar a los “cabecitas negras” en ascenso, sin entender en todo caso que ese ascenso era parte del sistema que les redundaba en beneficios.
(1) Los llamados comúnmente “oficialistas”.
(2) Lo cual no quiere decir que la parte Opositora no pueda proponer acerca de lo político, sino que generalmente lo hace en menor medida que el Proponente.
(2) Lo cual no quiere decir que la parte Opositora no pueda proponer acerca de lo político, sino que generalmente lo hace en menor medida que el Proponente.
miércoles, 17 de noviembre de 2010
Presuponer y presupuestar (Parte II)
“Más vale una mentira que no pueda ser desmentida que una verdad inverosímil”
JOSEPH GOEBBELS (1)
JOSEPH GOEBBELS (1)
“Corruption is operationally defined as the abuse of entrusted power for private gain”
TRANSPARENCY INTERNATIONAL (2)
TRANSPARENCY INTERNATIONAL (2)
b) El escándalo: hoy declararon ante la Comisión de Asuntos Constitucionales las dos diputadas –Hotton y Álvarez- que habían denunciado una semana atrás haber sido presionadas. El resultado fue el sabido: ambas afirmaron no haber recibido ofrecimientos de dinero a cambio de retirarse de la sesión y en ningún caso quedaron claras las presuntas “presiones”. A lo sumo, lo que aparecía en el horizonte de las declaraciones era la negociación de obras provinciales a cambio de la aprobación del presupuesto, pero ello no sería un acto de corrupción bajo el concepto de Transparency International (3) el cual requeriría un beneficio privado a costa de la cosa pública.
Pero lo interesante para el análisis del discurso es entender porque las denuncias de Elisa Carrió tuvieron tanta repercusión mediática:
- Para Elisa Carrió la denuncia es un arma de extorsión con el cual puede comandar desde el antagonismo a la oposición (4). Esto porque el antagonismo pretende integrar en un mismo discurso la moral con la política, fusionándolo en una “política confesional". Entonces, el antagonismo crea una política que es pura Verdad, porque sólo su accionar político es conforme a la Verdad en sentido confesional. Todo lo que queda por fuera del accionar político confesional es inmoral. Cuando la política confesional es integrada al “sentido común”, la misma se vuelve un arma peligrosa porque impiden la política por fuera de lo que el antagonismo arbitrariamente señala como moral y cierto.
- Las denuncias de Carrió calan hondo porque son extraídas desde lo profundo del ‘sentido común’: “el antagonismo lleva al paroxismo los rasgos más conservadores del sistema hegemónico de valores”. Es decir, la idea de que los políticos son corruptos habita en el ‘sentido común’ y así su veracidad no requiere de corroboración ni sentido crítico en términos de racionalidad. Ahora, el acto de presuponer es el de afirmar algo antes de tener las certezas del caso y esto no es otra cosa que la más burda intuición. Y, al mismo tiempo, intuir es la piedra fundamental de la construcción mitológica. El mito, como es sabido, es una construcción narrativa irracional.
Por ello, si el acto de presupuestar requiere de la mayor racionalidad por tratarse de una tarea técnica; el de presuponer es un acto de construcción mítica y, en calidad de tal, absolutamente irracional.
(1) Ministro de Propaganda del Gobierno de Adolf Hitler durante la Alemania Nazi.
(2) Transparency International, “FAQ`s about corruption”, en http://www.transparency.org/news_room/faq/corruption_faq
(3) Ibídem.
(4) El antagonismo fagocita a la oposición.
(2) Transparency International, “FAQ`s about corruption”, en http://www.transparency.org/news_room/faq/corruption_faq
(3) Ibídem.
(4) El antagonismo fagocita a la oposición.
lunes, 15 de noviembre de 2010
Presuponer y presupuestar (Parte I)
“Cree el ladrón que todos son de su condición” (1)
El miércoles pasado se trató el presupuesto nacional para el año 2011 y el sector antagonista logró liderar al resto de la oposición en el Congreso Nacional. El presupuesto terminó volviendo a comisión y con escándalo. De ello se pueden extraer dos cuestiones: a) el presupuesto (parte I); y, b) el escándalo (parte II).
a) El presupuesto: Prat Gay de la Coalición Cívica –como antagonista- y Claudio Lozano de Proyecto Sur –como opositor- presentaron proyectos propios de presupuesto. Decir que ambos son unos mamarrachos sería un elogio. Ninguna de esas fuerzas políticas cuenta con los recursos técnicos para elaborar correctamente un presupuesto.
Desde Max Weber sabemos que el funcionario cuenta con saberes especiales que lo diferencian del político justamente en el hecho de que el conocimiento técnico le brinda poder al funcionariado. El funcionario habita los ministerios como miembro de la burocracia, ahí reside el saber específico y técnico. Sin ese conocimiento es imposible elaborar un documento como el de presupuesto. Para tener una idea, un resumen de un presupuesto cuenta con alrededor de 1.200 páginas (y estamos hablando de un resumen). Es imposible elaborar un presupuesto sin el aparato burocrático especializado. Nunca existió en la historia de Argentina un proyecto alternativo (hasta la fecha) al del presupuesto enviado por el Gobierno.
Lo peligroso del presupuesto elaborado por la Coalición Cívica (la punta de lanza del antagonismo) es que quien lo ha diseñado es un egresado del Colegio Cardenal Newman (de donde egresó el grueso de los funcionarios del PRO), de la Universidad Católica Argentina y trabajó para la banca J.P. Morgan: Adolfo Prat Gay. Es difícil imaginar un presupuesto con concepción de lo social por parte de un (¿ex?) empleado de una banca transnacional que construyó su fortuna a base al comercio de esclavos (2) y otros pecados (3). Me ha sido imposible encontrar los proyectos alternativos, pero no intuyo nada bueno de un tipo que piensa que Argentina debería volver a pedirle préstamos al FMI (4) o que considera que las retenciones deberían caer al 0% y sin segmentación (5).
En el peor de los casos el Gobierno, según la Ley de Administración Fiscal, deberá repetir el presupuesto del año 2010 para una economía que terminará creciendo en un 8%. Es decir, el Gobierno contará con más recursos disponibles por fuera del presupuesto que los que ha tenido en el presente año, aquello que el sector antagonista quería evitar. Esto es porque la ‘irracionalidad’ del discurso antagonista radica en que adquiere cierta autonomía del anclaje clasista al que representa originariamente. Puede que el discurso irracional, en su afán de enfrentar al protagonista, se oponga incluso a medidas del protagonista que redundarían en beneficio de los intereses de las clases que adhieren al discurso antagonista. Es más, puede que la conducta ‘irracional’ termine favoreciendo los intereses del protagonista.
(1) Dicho popular.
(2) Solidaridad.net, “La Banca Morgan se enriqueció a base del comercio de esclavos”, 2005, en http://www.solidaridad.net/articulo2999_enesp.htm
(3) Millet, Damien y Toussaint, Éric, “El triple pecado de la gran banca privada”, 2010, en http://www.globalresearch.ca/index.php?context=va&aid=8455
(4) La Nación, “Prat-Gay reclama que se pida otra vez asistencia al FMI”, 2008, en http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1079201
(4) La Nación, “Prat-Gay reclama que se pida otra vez asistencia al FMI”, 2008, en http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1079201
(5) La Nación, "Nunca más habrá retenciones", 2009, en http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1079201
; Clarín, “Retenciones: nuevos tironeos por el plan de segmentación”, 2010, en http://www.ieco.clarin.com/economia/Retenciones-nuevos-tironeos-plan-segmentacion_0_155100003.html
viernes, 12 de noviembre de 2010
Reestructuración con K (de Keynes)
“Facts have changed and so do I”
JOHN MAYNARD KEYNES (1)
El pragmatismo británico es tan conocido como brillante, permite (como lo hizo Keynes) adaptar la teoría a contextos y sujetos históricos concretos. Los hechos han cambiado y debo cambiar con ellos. Me propongo reestructurar el blog en base a las siguientes reflexiones:
a) Mayor cristalización teórica: la hipótesis que esbocé en julio se ha complejizado y ahora tiene una sofisticación mayor:
“El clivaje de polarización moderada como ‘proponente(2)/opositor’ es reemplazado por un clivaje de extrema polarización como ‘protagonista/antagonista’ cuando el ‘sentido común’ (3) empieza a presentar fisuras. Estas fisuras se perciben a nivel discursivo y simbólico, principalmente. Las fisuras en el ‘sentido común’ de una sociedad solo se pueden dar si existen cambios sustanciales en la estructura económica (sobre todo si los intereses de las clases dominantes son afectados).
El clivaje de polarización extrema del discurso (‘protagonista/antagonista’) divide el ‘sentido común’ en dos sentidos (aunque no de forma taxativa) y en tanto que sistema hegemónico de valores recorre el total del tejido de una sociedad a través del discurso y la simbología.
El ‘discurso irracional’ surge producto del clivaje discursivo-simbólico ‘protagonista/antagonista’, anclado en los aspectos más atávicos del ‘sentido común’. El antagonismo, como reacción a los cambios producidos en la estructura económica, lleva al paroxismo los rasgos más conservadores del sistema hegemónico de valores. La ‘irracionalidad’ del discurso antagonista radica en que adquiere cierta autonomía del anclaje clasista al que representa originariamente, pero siempre actúa como protección de un núcleo duro de intereses. Puede que el discurso irracional, en su afán de enfrentar al protagonista, se oponga incluso a medidas del protagonista que redundarían en beneficio de los intereses de las clases que adhieren al discurso antagonista”.
b) Conciencia de la síntesis histórica: los ciudadanos argentinos son libres de opinar que cosas hace bien y que cosas hace mal el Gobierno. El analista no, aquello no es suficiente. El analista político, si se precia de tal, debe tener conciencia de la Historia y la Política, lo cual implica entender el momento histórico, los sujetos históricos que actúan, los intereses materiales en juego, etc. Pero, sobre todo, quien quiere ser un intelectual comprometido con su tiempo (llamémosle “orgánico” si se quiere) debe saber identificar donde está el “eterno enemigo statu-quista”
Robert Michels, militante del partido socialdemócrata alemán (4), hizo críticas agudas y reales sobre su partido en el período de entreguerras. Fue impiadoso a la hora de describir como el partido socialista de los alemanes se había burocratizado y, hasta cierto punto, aburguesado y como de él había surgido una nueva oligarquía (5). Gastó tantas energías criticando a su propio partido (críticas muy válidas por cierto) que descuido analizar el contexto que lo rodeaba; en su contexto se gestaba el nazismo. Su crítica despiadada contribuyó a desmoralizar al partido y a la democracia alemana. Debió haber tenido mejor conciencia de la síntesis histórica en que vivía. Debemos tener mejor conciencia de nuestro tiempo.
c) Para quien escribe el escritor (6): ya no escribo sólo para hacer catarsis, me propongo escribir para darle herramientas y argumentos a las personas que decidan romper con el sentido común. De ninguna manera intentaré romper el sentido común de quien crea en aquél mito, ya que es imposible, y solo puede existir ruptura con aquél a partir de un golpe emocional que de ninguna manera puede ser creado de manera artificial.
Hay quienes en la blogósfera –como Lucas Carrasco y Orlando Barone- escriben para cohesionar al kirchnerismo mediante la crítica indiscriminada a los opositores. Por el contrario, en mi caso, intentaré demostrar que el campo nacional, popular y libertario es mucho más amplio y que esas conductas no conducen a otra cosa que al sectarismo. Y el sectarismo es un término más propio de la religiosidad que del análisis racional.
Con el pragmatismo británico abrí, con el pragmatismo británico cierro: “Dios salve a la Reina (razón)”.
(1) Malabre, Alfred L., “Lost Prophets: An Insider's History of the Modern Economists”, 1994, pág. 220.
(2) Llamado vulgarmente como “oficialismo”.
(3) Como sistema hegemónico de valores.
(4) Más allá de que con posterioridad se haya afiliado al partido fascista de Italia.
(5) Michels, Robert, “Los partidos políticos. Un estudio sociológico de las tendencias oligárquicas de la democracia moderna”, Bs. As., Amorrortu, 1983.
(6) Parafraseando a José Saramago.
(2) Llamado vulgarmente como “oficialismo”.
(3) Como sistema hegemónico de valores.
(4) Más allá de que con posterioridad se haya afiliado al partido fascista de Italia.
(5) Michels, Robert, “Los partidos políticos. Un estudio sociológico de las tendencias oligárquicas de la democracia moderna”, Bs. As., Amorrortu, 1983.
(6) Parafraseando a José Saramago.
lunes, 1 de noviembre de 2010
La K madre que nos partió*
Soy un tipo al que le cuesta hablar sobre política sin utilizar un aparato conceptual, pero ésta vez haré el esfuerzo de desentenderme de la teoría y voy a escribir con el corazón sobre el teclado. Es que algo nos pasó, todos sabemos que algo nos pasó: nos partimos al medio. Las sobremesas con la familia, las previas con amigos y las charlas en bares con extraños ya nos son las mismas. No es tan fácil como en los noventas hablar de política, ahí era todo mucho más claro, más sencillo. Ahí estaba el adversario del pueblo y acá estábamos nosotros. Fue a finales de esa década cuando asistí a mi primera manifestación, era un reclamo ante el gobierno provincial (aliado del menemismo) por los sueldos de los maestros a los que se les adeudaba todo un año de haberes. Ahí aprendí la importancia de la palabra “educación”. Cuando De la Rúa asumió como presidente mandó a la gendarmería y derramó sangre sobre el puente Belgrano que une Corrientes-Resistencia. Ahí aprendí el significado de la palabra “represión”. Mi abuelo (de larga militancia social) estuvo en lo que eran aquellos cortes de ruta, sin ser él maestro, sin ser un problema que lo afectase en forma directa. Ahí aprendí el significado de la palabra “solidaridad”. Al año siguiente falleció. Un año después ocurrió el diciembre de 2001. Ahí supe qué significaba “crisis”.
Mi amigo Federico me suele decir que nosotros somos los hijos de la crisis (quizás en tono con la frase hegeliana de que “todos somos hijos de nuestro tiempo”). Esa puta crisis nos parió a gran parte de nosotros, pero no nos parió a todos por igual. Y desde ahí que venimos partidos, sobre todo cuando esa K se puso entre nosotros y nos colocó en veredas diferentes. Esa K fue creciendo y creciendo, y la distancia se volvió gigante. Familia, amigos y desconocidos, todos en veredas diferentes. Y no es que uno esté en exactamente parado sobre la K, eh. Más bien uno se encuentra en la misma vereda que la K, pero separado por varias (muchas) baldosas.
Pero la familia, los amigos y los desconocidos no lo entienden así, para ellos es todo lo mismo: o estás con la K o con la anti-K, así con tono maniqueo y todo. Y no suelen escatimar en agravios a la hora de opinar. Le dicen a uno que está ciego o que pretende tomarle el pelo a la gente. Algunos desconocidos hasta insinúan que uno tiene la opinión que tiene porque seguramente algún “beneficio” debo recibir de esa puta K. Pero no sería nada eso, porque al fin y al cabo son desconocidos y no me conocen. Ahora, cuando es alguien cercano quien te insinúa que tus convicciones tienen un precio, ahí sí… ahí sí que duele. Pero es cierto, descubrí que sí, que mis convicciones tienen un precio, pero son ellos los que le ponen el precio y soy yo quien debe pagar por las mismas. Y el precio que me hacen pagar, créaseme, es muy alto y los golpes que uno debe recibir muy bajos. Si tan sólo uno recibiese esos “beneficios” soportar el maltrato se justificaría (al menos así lo imaginan ellos), pero ni eso. ¿Entonces por qué uno está de éste lado de la vereda y no enfrente? La respuesta puede parecer soberbia, pero es la siguiente: desde que tengo uso de razón éste es el primer gobierno que ha seguido “mi agenda”. Sí, “mi agenda”, aunque suene soberbio de mi parte. Ninguno de los gobiernos anteriores siquiera se animó a hablar de los temas de “mi agenda” y éste al menos me hojeó algunas páginas. Ni completamente ni idealmente se acerca al país que yo deseo, pero es el más próximo (de los que he conocido) a aquél.
Pero ni familia ni amigos y menos aún los extraños entienden mi posición. Para ellos basta con decir que hay que “mirar la calle y usar el sentido común” para descubrir que estamos inmersos en un caos. Una de mis abuelas, que ahora por primera vez tiene jubilación, me dice que en el Estado derrocha plata; un par de amigos, mientras juegan a la playstation después de haberse levantado a las 11.30, me dicen que el problema son los planes que hacen que la gente no quiera trabajar; un viejo desconocido en un café de Recoleta, mientras despliega las enormes páginas de “La Nación” sobre la mesa, me dice que el problema son los piqueteros que cortan calles porque tienen mucho tiempo libre. Yo los miro azorado, pensando que en algún momento van a percibir la contradicción de ellos mismos. Pero espero inútilmente, mordiéndome la lengua, tragándome el veneno y alimentando más y más a ésta úlcera moral pronta a estallar.
Es que ellos siguen mirando la historia desde una matriz liberal (está bien, no puedo con mi genio y violé la promesa de no conceptualizar): donde ellos ven la historia de los héroes, nosotros –los hijos de la crisis- vemos sociedades; donde ellos ven clientelismo, nosotros vemos inversión social; donde ellos ven corrupción, nosotros la vemos también, pero aceptamos el desarrollo de la totalidad de la historia con sus contradicciones. Entonces, ¿lo que nos divide es la K? No, no creo que sea la K. Siempre estuvimos separados, sólo que la K vino a quitar el velo entre nosotros y nos obligó a discutir con familia, amigos y desconocidos aquello que quizás nunca hubiésemos querido discutir. Porque hay algo que se está quebrando entre nosotros, aquello que sostiene sus vidas y a nosotros nos inspira profunda aversión; aquello que ellos entienden como “normal”, “común” o “natural” y que nosotros empezamos a cuestionar. En fin, ese sistema de valores e ideas que ellos llaman “sentido común” y que para nosotros ya no existe. Porque el sentido común no es otra cosa que el sistema hegemónico de ideas que permiten la dominación, incluso la autodominación de los dominados (sí, ya sé, segunda vez que violo la promesa de no conceptualizar). Y ahí estamos nosotros, queriendo romper lo que para ellos es seguro y conocido: su preciado sentido común. Flanco por flanco atacamos ese edificio sagrado y ellos reaccionan con la virulencia de quien no quiere que se le caiga el techo encima. Porque es cierto, cuando uno rompe con el sentido común queda en pelotas por un buen rato, y estar en pelotas da miedo, pero es necesario hacerlo si se quiere ser libre. El edificio se está resquebrajando y la fisura nos abrió al medio a todos. La K sólo acelera los tiempos del derrumbe, el edificio está destinado a colapsar de cualquier forma. Entonces que quede claro familia, amigos y desconocidos: la K no nos separa, lo que nos separa es la crisis del “sentido común”. Pero, es cierto, fue la K la que nos partió.
*Agradecimientos especiales a mi amigo Lucas Massuco que me corrigió y me impulsó a profundizar en éste artículo escrito el 21 de octubre de 2010 para el Nº4 de la "Revista Diversidad".
Mi amigo Federico me suele decir que nosotros somos los hijos de la crisis (quizás en tono con la frase hegeliana de que “todos somos hijos de nuestro tiempo”). Esa puta crisis nos parió a gran parte de nosotros, pero no nos parió a todos por igual. Y desde ahí que venimos partidos, sobre todo cuando esa K se puso entre nosotros y nos colocó en veredas diferentes. Esa K fue creciendo y creciendo, y la distancia se volvió gigante. Familia, amigos y desconocidos, todos en veredas diferentes. Y no es que uno esté en exactamente parado sobre la K, eh. Más bien uno se encuentra en la misma vereda que la K, pero separado por varias (muchas) baldosas.
Pero la familia, los amigos y los desconocidos no lo entienden así, para ellos es todo lo mismo: o estás con la K o con la anti-K, así con tono maniqueo y todo. Y no suelen escatimar en agravios a la hora de opinar. Le dicen a uno que está ciego o que pretende tomarle el pelo a la gente. Algunos desconocidos hasta insinúan que uno tiene la opinión que tiene porque seguramente algún “beneficio” debo recibir de esa puta K. Pero no sería nada eso, porque al fin y al cabo son desconocidos y no me conocen. Ahora, cuando es alguien cercano quien te insinúa que tus convicciones tienen un precio, ahí sí… ahí sí que duele. Pero es cierto, descubrí que sí, que mis convicciones tienen un precio, pero son ellos los que le ponen el precio y soy yo quien debe pagar por las mismas. Y el precio que me hacen pagar, créaseme, es muy alto y los golpes que uno debe recibir muy bajos. Si tan sólo uno recibiese esos “beneficios” soportar el maltrato se justificaría (al menos así lo imaginan ellos), pero ni eso. ¿Entonces por qué uno está de éste lado de la vereda y no enfrente? La respuesta puede parecer soberbia, pero es la siguiente: desde que tengo uso de razón éste es el primer gobierno que ha seguido “mi agenda”. Sí, “mi agenda”, aunque suene soberbio de mi parte. Ninguno de los gobiernos anteriores siquiera se animó a hablar de los temas de “mi agenda” y éste al menos me hojeó algunas páginas. Ni completamente ni idealmente se acerca al país que yo deseo, pero es el más próximo (de los que he conocido) a aquél.
Pero ni familia ni amigos y menos aún los extraños entienden mi posición. Para ellos basta con decir que hay que “mirar la calle y usar el sentido común” para descubrir que estamos inmersos en un caos. Una de mis abuelas, que ahora por primera vez tiene jubilación, me dice que en el Estado derrocha plata; un par de amigos, mientras juegan a la playstation después de haberse levantado a las 11.30, me dicen que el problema son los planes que hacen que la gente no quiera trabajar; un viejo desconocido en un café de Recoleta, mientras despliega las enormes páginas de “La Nación” sobre la mesa, me dice que el problema son los piqueteros que cortan calles porque tienen mucho tiempo libre. Yo los miro azorado, pensando que en algún momento van a percibir la contradicción de ellos mismos. Pero espero inútilmente, mordiéndome la lengua, tragándome el veneno y alimentando más y más a ésta úlcera moral pronta a estallar.
Es que ellos siguen mirando la historia desde una matriz liberal (está bien, no puedo con mi genio y violé la promesa de no conceptualizar): donde ellos ven la historia de los héroes, nosotros –los hijos de la crisis- vemos sociedades; donde ellos ven clientelismo, nosotros vemos inversión social; donde ellos ven corrupción, nosotros la vemos también, pero aceptamos el desarrollo de la totalidad de la historia con sus contradicciones. Entonces, ¿lo que nos divide es la K? No, no creo que sea la K. Siempre estuvimos separados, sólo que la K vino a quitar el velo entre nosotros y nos obligó a discutir con familia, amigos y desconocidos aquello que quizás nunca hubiésemos querido discutir. Porque hay algo que se está quebrando entre nosotros, aquello que sostiene sus vidas y a nosotros nos inspira profunda aversión; aquello que ellos entienden como “normal”, “común” o “natural” y que nosotros empezamos a cuestionar. En fin, ese sistema de valores e ideas que ellos llaman “sentido común” y que para nosotros ya no existe. Porque el sentido común no es otra cosa que el sistema hegemónico de ideas que permiten la dominación, incluso la autodominación de los dominados (sí, ya sé, segunda vez que violo la promesa de no conceptualizar). Y ahí estamos nosotros, queriendo romper lo que para ellos es seguro y conocido: su preciado sentido común. Flanco por flanco atacamos ese edificio sagrado y ellos reaccionan con la virulencia de quien no quiere que se le caiga el techo encima. Porque es cierto, cuando uno rompe con el sentido común queda en pelotas por un buen rato, y estar en pelotas da miedo, pero es necesario hacerlo si se quiere ser libre. El edificio se está resquebrajando y la fisura nos abrió al medio a todos. La K sólo acelera los tiempos del derrumbe, el edificio está destinado a colapsar de cualquier forma. Entonces que quede claro familia, amigos y desconocidos: la K no nos separa, lo que nos separa es la crisis del “sentido común”. Pero, es cierto, fue la K la que nos partió.
*Agradecimientos especiales a mi amigo Lucas Massuco que me corrigió y me impulsó a profundizar en éste artículo escrito el 21 de octubre de 2010 para el Nº4 de la "Revista Diversidad".
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